PALABRAS DE SU ALTEZA REAL LA INFANTA DOÑA MARGARITA, DUQUESA DE SORIA, EN EL ACTO ACADÉMICO ANUAL DE LA FUNDACIÓN DUQUES DE SORIA.

4 DE JULIO DE 2012, EN EL CONVENTO DE LA MERCED DE SORIA.

Excelentísimos e ilustrísimos señores, señoras y señores:

 

Este año mi esposo y yo estamos una vez más con ustedes, en este Acto Académico que nuestra Fundación celebra anualmente en Soria desde hace muchos años, el primer miércoles después de las fiestas de San Juan. El año pasado una indisposición me impidió venir, y fue mi esposo el Duque de Soria quien tuvo el placer de acompañarles a ustedes y al conferenciante de ese día, don Gustavo Suárez Pertierra.

 

Como ya ha explicado el Presidente de nuestro Patronato, este año académico viene marcado por la austeridad, que es el efecto más visible de la situación económica general. Esta situación afecta a todas las instituciones culturales, y por tanto, como es natural, también a la nuestra.

 

Pero no hemos venido aquí a hablar de economía, sino de la Fundación, que como saben ustedes bien, se creó hace veintitrés año bajo nuestro impulso personal, con el capital intelectual de un Patronato de máximo nivel, y con el objetivo principal de trabajar desde Soria, con la Universidad, por la cultura en español y por el apoyo al hispanismo internacional.

 

Desde entonces es mucho lo que la Fundación ha logrado, gracias a que el capital intelectual de su Patronato y de su Consejo, que ha seguido creciendo, ha hecho posible mantener el rumbo trazado. Hoy tenemos que lamentar la pérdida reciente de uno de nuestros Patronos, un castellano ilustre que siempre trabajó por la cultura en español: don Germán Sánchez Ruipérez.

 

Los años van debilitando la salud de las personas, pero en cambio van reforzando la de las instituciones. Todos los que empezamos este proyecto tenemos veintitrés años más, y lo notamos. Pero a la Fundación esos veintitrés años le han hecho más fuerte, en buena medida gracias a la red de amigos y colaboradores que ha ido tejiendo con su buen hacer continuado en el ámbito académico y universitario de todo el mundo. Y no podemos olvidar que esa labor fue posible en buena medida gracias a que hasta el año dos mil nueve la Fundación recibió el apoyo de Caja Duero, y antes de Caja Soria.

 

La Fundación ya ha vivido antes momentos difíciles. Pero los que hemos vivido más años que la Fundación hemos conocido situaciones mucho más difíciles que la actual. Por eso, recurramos una vez más a la memoria y a la experiencia, y pongamos las cosas en perspectiva. Las dificultades ayudan a separar lo principal de lo accesorio, y a recordar las verdaderas prioridades. Es obvio que la abundancia es más fácil de gestionar que la escasez, porque esta requiere de mayores capacidades y generosidad. Pero en eso podemos estar tranquilos, porque la Fundación es rica en capacidad y en generosidad.

 

La Fundación, es preciso recordarlo, conserva intacto su capital intelectual. Como conserva inalterado el apoyo de mi esposo y el mío. Porque nuestro compromiso con Soria, basado en el afecto, sigue también intacto. Las dificultades económicas no alcanzan a los sentimientos, ni a la capacidad intelectual. Por eso la Fundación va a seguir trabajando en el cumplimiento de sus fines, desde la independencia y desde el respeto a la libertad de pensamiento, a la libertad de cátedra y a la libertad de expresión, apoyándose aún más que de costumbre en su Patronato y en su Consejo, y contando con la contribución voluntaria y generosa de quienes la ofrezcan sabiendo que su labor desinteresada es realmente importante y necesaria.

 

Este es el momento de agradecer su altruismo a todos los Patronos y Consejeros de la Fundación, y de dirigir este agradecimiento, a título de ejemplo, a cuatro personas que hoy me consta que están aquí. Empezaremos por el Presidente del Patronato, don Rafael Benjumea, conde de Guadalhorce, que desde el principio ha trabajado desinteresadamente para la Fundación, y que en estos momentos lo hace aún más, incluso en labores administrativas cotidianas. Citaremos en segundo lugar a nuestro Patrono fundador don Santiago de Mora-Figueroa, marqués de Tamarón, que también desde el primer momento ha colaborado desinteresadamente aportando su buen criterio en todos los órganos colegiados de la Fundación, y que hoy nos va a ilustrar sobre la imagen de la lengua española en el mundo, algo de lo que pocos saben tanto como él. En tercer lugar es justo mencionar a nuestro Secretario General, don José María Rodríguez-Ponga, que también nos ha acompañado desde hace más de veintitrés años en toda la construcción y desarrollo de la Fundación, y que en los momentos de dificultad económica ha proporcionado a la Fundación sus eficaces e indispensables servicios profesionales de forma altruista, como ahora viene haciendo desde hace ya algún tiempo. Y por último, aunque no es en absoluto el ejemplo menos importante, citaremos al Profesor don Alfredo Jimeno, miembro del Consejo de nuestra Fundación, que ha organizado de forma totalmente altruista el ciclo de Conferencias públicas sobre el Mundo Celtibérico que a lo largo de este mes de julio va a ofrecerse en esta misma Aula Magna. La generosidad espontánea del Dr. Jimeno va acompañada de la de los otros cuatro ilustres conferenciantes, que han secundado desinteresadamente su iniciativa, y a quienes desde aquí extendemos nuestro más cordial agradecimiento.

 

No queremos dejar de mencionar que son muchos más los que nos han ofrecido su colaboración altruista, como los Profesores don Eduardo Martínez de Pisón y don Nicolás Ortega, y todos los que con ellos forman el Instituto del Paisaje; o como el Profesor don Robert Verdonk, de la Universidad de Amberes, que no solamente mantiene su colaboración desinteresada, sino que ha hecho efectiva una importante contribución económica para que la Fundación pueda crear en Bélgica un Premio de Hispanismo que implique no sólo a su Universidad, sino a todas las universidades belgas.

 

También queremos dejar patente públicamente la gratitud que mi esposo y yo tenemos hacia quienes, después de prestar eficazmente sus servicios durante años a nuestra Fundación le han demostrado su cariño, en algún caso con actitudes excepcionales. La Fundación seguirá siendo siempre su casa, y desde luego contarán permanentemente con nuestro afecto personal.

 

El futuro de las instituciones culturales no pasa por volver a situaciones previas, posiblemente irrepetibles, sino por impulsar y desarrollar una nueva forma de voluntariado, el voluntariado cultural. Nuestra Fundación va a trabajar en esa línea, y va a promover un Cuerpo de Voluntarios del que, en primer lugar, todos los sorianos interesados en la cultura podrán formar parte, y para cuya formación confiamos en contar con quienes ya han demostrado en la Fundación sus dotes de organización y su sensibilidad en este campo.

 

Soria va a seguir siendo, gracias a ese nuevo voluntariado, lo que la Fundación ha contribuido a que sea hoy: Una referencia internacional en el mundo de la cultura española, y en el ámbito de las instituciones que cultivan el conocimiento y la educación como forma de mejorar la sociedad.

 

Cualquiera de los contenidos que nuestra Fundación va a seguir teniendo, y que tan claramente ha detallado el conde de Guadalhorce, justificaría por sí solo la existencia de la Fundación. Podemos pues sentirnos justamente satisfechos de haber contribuido a crear una institución que acompaña tan dignamente el título que mi esposo y yo llevamos, y que enriquece a esta ciudad y a esta tierra de Soria a las que nuestro corazón está íntimamente unido. Nos enorgullece constatar que nuestra Fundación seguirá trabajando desde Soria por Castilla y León, por España y por la cultura hispana universal, que tiene aquí una parte irrenunciable de sus raíces.

 

Terminamos ya. Como es evidente que, incluso desde planteamientos de máxima austeridad y de altruismo, el capital humano necesita un mínimo de recursos económicos en que apoyarse, se hace aun más necesario destacar la importancia de quienes nos los proporcionan. Citaremos a título personal a don Robert Verdonk, a doña Alicia Koplowitch y al difunto don Duarte Pinto Coelho; y a título institucional a la Junta de Castilla y León, al Ministerio de Cultura, a la Diputación Provincial de Soria, a la Universidad de Valladolid, a la Fundación Endesa y a la Fundación Marcelino Botín. Su confianza nos honra, y nos permite seguir activos.

 

Nada más. Muchas gracias a quienes están aquí, por acompañarnos hoy y también porque confiamos en que sigan haciéndolo en el largo futuro que tiene por delante nuestra Fundación. Muchísimas gracias.


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